El otro día, leí un artículo en La Vanguardia en el que Fernando Trías de Bes y Felip Artalejo exponian un posible plan de ayuda a aquellas familias que, con motivo de la situación económica y el correspondiente problema del aumento del paro (¡y lo que te rondaré, morena!, que diría mi vecino), pueden quedar en la elección entre comer todos los días o pagar la hipoteca de su vivienda.
¡Y creo que, hasta yo, lo he entendido!
La propuesta me gusta por varios motivos:
También le encuentro puntos peligrosos. Me echo a temblar cuando exige la creación de un nuevo organismo público: soy bastante pesimista en su funcionamiento y coste de gestión; y dado que debe tener una vida mínima de 20 años...¡vete a saber los avatares políticos en los que con seguridad se verá envuelto!
Pero me he llevado una gran alegria al comprobar que hay gente que es capaz de proponer ideas innovadoras y poco habituales a lo que oimos y leemos todos los dias y por los mismos participantes
¡Y creo que, hasta yo, lo he entendido!
La propuesta me gusta por varios motivos:
- Ya está bien de inyectar dinero de todos a los bancos que solo sirve para sanear sus cuentas. No olvidemos que son los principales culpables del desbarajuste.
- Limita el plan a aquellas hipotecas potencialmente amortizables y necesarias socialmente. Para las no viables hay que poner otros medios. Y para las no necesarias...
- Su puesta en marcha implica el reconocimiento de que todos somos culpables de la situación: los mandamases, recalificando terrenos y permitiendo construcción a lo bestia con tal de recaudar. Los bancos (no necesita explicación). Y los de a pie, que somos humanos, siempre nos ha atraido el dinero fácil y rápido (¡y que salga el sol por Antequera!).
- Creo que muchas de las medidas adoptadas son "pan para hoy y hambre para mañana". No creo que sean generadoras de empleo; más bien para que no aumente demasiado... mientras dure el dinero. Luego no sé que pasará, pero el déficit habrá que arreglarlo en algún momento.
También le encuentro puntos peligrosos. Me echo a temblar cuando exige la creación de un nuevo organismo público: soy bastante pesimista en su funcionamiento y coste de gestión; y dado que debe tener una vida mínima de 20 años...¡vete a saber los avatares políticos en los que con seguridad se verá envuelto!
Pero me he llevado una gran alegria al comprobar que hay gente que es capaz de proponer ideas innovadoras y poco habituales a lo que oimos y leemos todos los dias y por los mismos participantes