viernes, 19 de febrero de 2010

Cantigas del diputado

Tal como me lo manda mi amiga Elisa, lo transcribo:

DÉJAME DORMIR, MAMÁ

Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.
Déjame dormir, mamá,
que no hace ninguna falta.

Hijo mío, por favor,
levántate y desayuna.
Déjame dormir, mamá,
que no hace falta ninguna.

Hijo mío, por favor,
que traigo el café con leche.
Mamá, deja que en las sábanas
un rato más aproveche.

Hijo mío, por favor,
que España entera se afana.
¡Que no! ¡Que no me levanto
porque no me da la gana!

Hijo mío, por favor,
que el sol está ya en lo alto.
Déjame dormir, mamá,
no pasa nada si falto.

Hijo mío, por favor,
que es la hora del almuerzo.
Déjame, que levantarme
me supone mucho esfuerzo.

Hijo mío, por favor,
van a llamarte haragán.
Déjame, mamá, que nunca
me ha importado el qué dirán.

Hijo mío, por favor,
¿y si tu jefe se enfada?
Que no, mamá, déjame,
que no me va pasar nada.

Hijo mío, por favor,
que ya has dormido en exceso.
Déjame, mamá, que soy
diputado del Congreso
y si falto a las sesiones
ni se advierte ni se nota.
Solamente necesito
acudir cuando se vota,
que los diputados somos
ovejitas de un rebaño
para votar lo que digan
y dormir en el escaño.

En serio, mamita mía,
yo no sé por qué te inquietas
si por ser culiparlante
cobro mi sueldo y mis dietas.
Lo único que preciso,
de verdad, mamá, no insistas,
es conseguir otra vez
que me pongan en las listas.
Hacer la pelota al líder,
ser sumiso, ser amable
Y aplaudirle, por supuesto,
cuando en la tribuna hable.
Y es que ser parlamentario
fatiga mucho y amuerma.
Por eso estoy tan molido.
¡Déjame, mamá, que duerma!

Bueno, te dejo, hijo mío.
Perdóname, lo lamento.
¡Yo no sabía el estrés
que produce el Parlamento!


domingo, 24 de enero de 2010

Abbey Road: Beatles Revival


La otra noche fuimos a una sala de Barcelona invitados por MC. Dado que las entradas habían sido reservadas por Internet, teníamos que recogerlas en taquilla media hora antes. Cuando llegamos la fila de espera era bastante numerosa (y más que se puso antes de que abrieran la sala). Eso sí: si alguno de los "armarios" (léase porteros) hubiese anunciado algo así como "- Los menores de 30 años pasen delante", no se hubiera movido ni un alma. Más bien de cuarenta parriba.

Hace bastante que no frecuento estos sitios, y me extrañó un poco. Me encuentro una sala grande, barra en medio que la divide en dos, vacía de todo amueblamiento. Unas pocas mesas pequeñas y bancos corridos alrededor de las paredes. Algún que otro taburete bajo. Techos muy altos y paredes pintados de negro (o un gris muy oscuro). Un escenario, muchas luces teledirigidas y muchos altavoces. Y nada más. Si le quitas cuatro cosas, serviría como almacén de electrodomésticos (o de cualquier otra cosa).

Me acuerdo de aquellos a los que yo iba en mis otros años: Cleofás, Bocaccio, Presidente, La Mandrágora... Era otro estilo, otra ambientación. Ni mejor ni peor: otro.
Ah! Las bebidas las sirven en vasos de plástico, ni de coña llevarte una botella. Y, por supuesto: no se puede fumar.


Bueno, de lo que se trataba era de ver la actuación, tampoco más. Y esta era de un grupo local (o "de rodalies"), auténticos clones de The Beatles. Y en eso estriba la gracia y el acierto: en que no intentan versionar ni poner una mijita de inspiración personal. Beatles en casi estado puro. Batería Ludwing y equipos VOX para intentar conseguir el mayor acercamiento posible.Y la verdad es que lo hacen francamente bien. Mejor en la primera parte que en la segunda. Me explico.

Para mi, hay dos épocas claramente diferenciadas de Beatles (para otros tres o cuatro, según): antes de Sgto. Pippers y después. Coincidiendo con sus viajes a la India más o menos. La primera más puramente R&R y la segunda más sofisticada. Ambas igualmente creativas, pero "tocando más palillos" a medida que avanzaban (ellos y la tecnología de audio necesaria).

Pues bien, Abbey Road, que así se llama la banda, "borda" esa primera época. Diez o doce canciones emblemáticas muy bien trabajadas.

En la segunda, se notaba bastante la falta de los medios necesarios, pese a las muchas horas que supongo de ensayos, para recrear todo el sonido original. Cosa que entiendo en un grupo de estas características, en directo y sin ningún playback por medio. Sí se notó la ayuda de un teclado (vamos , a lo Billy Preston).

En fin, fue bonito rememorar estas canciones que, aunque las escuchemos todos los días en los equipos, no suenan (ni mucho menos) igual que en directo. Una noche muy agradable.