Hace tiempo que me asombro del realce que ha tomado todo esto que tiene que ver con la cocina, los fogones, la manduca y el bebercio. Para mi que hay un cierto desmadre -y mucho business- alrededor del tema. Y mucho pijerío, mucho.
Esto viene a cuento porque leo, en una revista dominguera (porque sale los domingos, no porque coja el coche y la familia para tomar la tortilla en el campo) la siguiente noticia:
Robin Goldstein es un acreditado crítico gastronómico y autor de libros y artículos sobre el tema y sobre vinos. Un poco harto del cinismo y tontería que hay alrededor del tema, va y, ni corto ni perezoso, se inventa un restaurante falso: L'Intrepido. Le crea una página web, un divertido menú de "alta cocina" y una carta de vinos de lo "más mejor". Lanza un par de críticas en los foros necesarios y se presenta a los Premios de la Excelencia de la revista Wine Spectator, una de las más afamadas en el mundo entero entre los entendidos, pagando las tasas correspondientes a la inscripción.
Y la revista le concede uno de sus Premios de Excelencia!!!
Me imagino que, si hubiera continuado con la broma, la lista de espera para comer en este restaurante sería de varios meses (o años). Como sucede con algunos que ahora me vienen a la mente.
Y puestos a divagar...
¿Qué valor - o qué jeta- tienen las "acreditadas" empresas que se dedican a confeccionar los ratings del sector financiero? ¿más o menos como la revista de vinos?
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